CANTV anunció el inicio de la instalación de un cable submarino de fibra óptica que conectará a Cuba con Venezuela, para “darle la posibilidad a ese pueblo hermano de tener comunicación de mayor calidad y disponibilidad”. Gracias a esa decisión “soberana” de Chávez, los venezolanos tendremos la oportunidad de seguir comiendo cable, algo en lo cual los trabajadores de las universidades nos estamos volviendo expertos. Gracias a este cable, el gobierno de Castro estará en condiciones de prohibirle al pueblo cubano el acceso a internet, del mismo modo como Chávez pretende hacerlo en Venezuela. Así que básicamente estamos facilitándole al pueblo hermano la posibilidad de lamentarse de una carencia más. ¿No será eso hacerles una maldad?
Mientras el presidente sigue tomando decisiones inconsultas. Nótese por ejemplo que esa inversión podría haberse utilizado para mejorar el lamentable servicio prestado por CANTV y MOVILNET en nuestro propio país. Pero la consigna sigue siendo ser aquella de luz para la calle…, a pesar de que los recursos ya no son tan abundantes.
Mientras tanto, la asamblea discute cosas tan trascendentales para el país como por ejemplo si María Corina Machado se limpia o no los besos que le dan los pobres, tema que parece ser de gran preocupación para la diputada Iris Varela. Y es que algo tienen que hacer los diputados oficialistas para justificar el sueldo, siendo que no tienen más nada que hacer desde que pusieron al presidente en automático. Y qué mejor manera de utilizar el tiempo que distrayendo a la oposición para que, mientras discutan los logros de este gobierno, no puedan hacer nada en beneficio de quienes votaron por ellos. Me pregunto si será asunto de una asamblea de diputados debatir sobre los logros del gobierno, algo que en Venezuela por demás exige un fuerte ejercicio imaginativo ante la escasez de logros, especialmente en años de abundancia sin precedente como los que hemos tenido últimamente. Ahora, si el gobierno necesita discutir sus logros, deben ser porque nadie los ve. Y si nadie los ve, debe ser porque no se logró mucho, de allí la necesidad de discutir los logros. Algo así como los inmensos carteles de cuestan una fortuna y que el gobierno utiliza para anunciar obras que no se sabe donde están o cuestan menos que el cartel que las anuncia.
Veamos alguno de estos logros, y no voy a perder el tiempo en logros pequeños, como por ejemplo el que, gracias al despilfarro y la corrupción disfrazados de solidaridad, haya ahora más niños hacinados en el más o menos mismo número de escuelas que antes, solo que ahora están en peores condiciones; o el que haya ahora muchos más vehículos circulando en las mismas y cada vez más deterioradas calles y carreteras; o el que haya ahora muchos más centros asistenciales vacios, sin dotaciones ni personal que atienda; o el que haya muchos más estudiantes en hacinadas universidades, donde hay cada vez menos personal y menos recursos; o el que se haya logrado reducir el desempleo, gracias a que la gente no se motiva a buscar trabajo dada la certeza de no conseguirlo (aumento de población económicamente no activa) o gracias a la buhonería … y pare usted de contar.
No. Vamos a ver logros de envergadura. Uno de los más importantes es el que después de tres años de haber creado “el Bolívar Fuerte” no solo sigan circulando los viejos bolívares sino que dicho bolívar fuerte diste mucho de hacerle honor a su nombre: dos devaluaciones en un año no las aguante ni Bolívar. De paso, nombre tan importante para una moneda que ya no es aceptada en ninguna parte del mundo (inconvertible), salvo en Venezuela, donde escasea, y en Cúcuta (alguien me dijo que la aceptan en Cuba, pero no se qué tan cierta sea esta información). Otro gran logro, ya que hablamos de grandes cifras, es el tener la inflación más alta del mundo y eso que estábamos totalmente blindados. Y finalmente el que por encima de tal blindaje hayamos caído en estanflación (caída del PIB con inflación), mientras que todos los demás países latinos, sin blindaje, ya muestran niveles positivos de crecimiento y bajos índices de inflación.
Cierto es, todos estos logros son “cuantificables”. Como por ejemplo el número de muertos que lleva a cuestas el gobierno. Pero, ¿qué hay de los inconmensurables? El primero logro que me viene a la mente es el desarrollo imaginativo e histriónico de las autoridades del BCV para explicar cómo, las dos devaluaciones no generan efectos inflacionarios, o a los sumo uno muy pequeño, sin poder por supuesto adelantar cifra alguna en cuanto a cuánto es “pequeño”, con base en un estudio serio, pues el BCV no ha estimado elasticidad de precios alguna. Y, como decía el matemático y físico irlandés Lord Kelvin, lo que no se mide no se puede mejorar.
Lástima que tanta verborrea gubernamental no genere en los ciudadanos de a pie la capacidad de creer en estos discursos y vivir así, al menos ilusoriamente, en un mundo mejor (salvo para quienes resulta muy doloroso darse cuenta del error en que han vivido estos últimos once años).
Mientras la asamblea deba responder a como se limpia cada quien los besos, y si este gobierno logró algo diferente a anclarse en el poder, Chávez sigue haciendo lo que le asegure su eterno control del mismo. Un trapo rojo. Asimismo, la universidad se distrae con su propio trapo rojo, discutiendo quién vota y quien no vota mientras la institución se desmorona por dentro por falta de recursos y de incentivos, monetarios y no monetarios, a su personal, entre otros grandes problemas.
lunes, 24 de enero de 2011
lunes, 3 de enero de 2011
CARAMELO DE CIANURO
Algunos partidarios del gobierno que apoyan la nueva ley de universidades (y digo algunos pues no todos ellos están de acuerdo con dicha ley, así como tampoco lo están con la ley habilitante) consideran que con esta ley se destruye lo viejo, inoperante y excluyente para sustituirlo por lo nuevo e incluyente. Si en algo podemos estar de acuerdo con ellos es que esta ley, al igual que otras aprobadas y aplicadas arbitrariamente por este gobierno sirven para destruir.
Claro está que no toda destrucción es necesariamente dañina. El economista austríaco Joseph Schumpeter hablaba de la DESTRUCCION CREATIVA o proceso en el que los métodos de producción obsoletos son reemplazados por métodos de producción innovadores, que permiten obtener cada vez más y mejores productos, resaltando además el papel vital de los empresarios en este proceso creador. Debo acotar que, no obstante considerar al capitalismo como el mejor sistema económico, Schumpeter asumía inevitable el colapso del capitalismo ante la creciente intromisión del gobierno en la actividad económica, atraído por el éxito de dicho sistema. Cualquier parecido con nuestra realidad no es coincidencia.
Los que tenemos memoria y edad suficiente para recordar la Venezuela de las últimas cuatro o cinco décadas del siglo pasado sabemos de ejemplos vivos de esta destrucción creativa, a pesar de los problemas de corrupción e incapacidad que caracterizaron los gobiernos de la época y los nada excepcionales ingresos petroleros, comparados con los de los últimos años, incluso en términos reales.
Pero incluso los más jóvenes tienen ejemplos de la destrucción nada creativa a la que ha venido sometiendo el país este mal llamado gobierno de todos: industrias que cierran sus puertas en el país para abrirlas en territorios vecinos; terrenos abandonados donde antes había haciendas productivas; edificios inconclusos por falta de materiales en espera de la importación de cemento de Cuba (país no productor de cemento) cuando antes lo producíamos nosotros mismos; carreteras destruidas por falta tanto de mantenimiento como de construcción de nuevas vías, mientras le asfaltamos carreteras a Bolivia; toneladas de alimentos que antes producíamos internamente, ahora pudriéndose por todo el país para abonar la famosa soberanía alimentaria donde sólo los twitteros llegan a tiempo para comprar los escasos suministros de leche, harina, aceite o el producto cuya escasez esté de moda; el retorno de enfermedades que considerábamos más que superadas; la destrucción de nuestras universidades, donde estudiantes de toda clase social lograban egresar y acceder así a un mejor nivel de vida.
Siempre he considerado lógico el que empleados y obreros tengan participación en la elección de las autoridades que los rigen, no así los estudiantes cuyo paso por la universidad no es sino transitorio (a excepción de algunos estudiantes de oficio) y cuya inmadurez los hace más manipulables. Bueno, en realidad siempre he estado de acuerdo con universidades no manejadas por profesores sino por personas contratadas para tal fin, como ocurre en muchos otros países, con lo que podrían evitarse muchas irregularidades administrativas. La nueva ley de universidades, “incluyente y democrática” permitirá la participación de empleados y obreros en la elección de autoridades universitarias que no tendrán poder de decisión alguno, pues todo el poder se concentra en un ministro de educación superior nombrado a dedo por el presidente y no escogido por “el soberano”. Este caramelo de cianuro puede que alegre provisionalmente a más de un trabajador universitario. Pero la alegría le durará hasta el próximo día de pago, cuando se percate que la devaluación y el incremento del IVA le quitan una buena tajada de su sueldo, no ajustado hace varios años, en aras de un supuesto plan de recuperación del país tras los desastres ocasionados por las lluvias y el despilfarro de los cuantiosos recursos que ingresaron al país, pero que no garantizaron el prometido blindaje contra la recesión.
Ahora si, la pobreza de Venezuela es de todos!!!
Claro está que no toda destrucción es necesariamente dañina. El economista austríaco Joseph Schumpeter hablaba de la DESTRUCCION CREATIVA o proceso en el que los métodos de producción obsoletos son reemplazados por métodos de producción innovadores, que permiten obtener cada vez más y mejores productos, resaltando además el papel vital de los empresarios en este proceso creador. Debo acotar que, no obstante considerar al capitalismo como el mejor sistema económico, Schumpeter asumía inevitable el colapso del capitalismo ante la creciente intromisión del gobierno en la actividad económica, atraído por el éxito de dicho sistema. Cualquier parecido con nuestra realidad no es coincidencia.
Los que tenemos memoria y edad suficiente para recordar la Venezuela de las últimas cuatro o cinco décadas del siglo pasado sabemos de ejemplos vivos de esta destrucción creativa, a pesar de los problemas de corrupción e incapacidad que caracterizaron los gobiernos de la época y los nada excepcionales ingresos petroleros, comparados con los de los últimos años, incluso en términos reales.
Pero incluso los más jóvenes tienen ejemplos de la destrucción nada creativa a la que ha venido sometiendo el país este mal llamado gobierno de todos: industrias que cierran sus puertas en el país para abrirlas en territorios vecinos; terrenos abandonados donde antes había haciendas productivas; edificios inconclusos por falta de materiales en espera de la importación de cemento de Cuba (país no productor de cemento) cuando antes lo producíamos nosotros mismos; carreteras destruidas por falta tanto de mantenimiento como de construcción de nuevas vías, mientras le asfaltamos carreteras a Bolivia; toneladas de alimentos que antes producíamos internamente, ahora pudriéndose por todo el país para abonar la famosa soberanía alimentaria donde sólo los twitteros llegan a tiempo para comprar los escasos suministros de leche, harina, aceite o el producto cuya escasez esté de moda; el retorno de enfermedades que considerábamos más que superadas; la destrucción de nuestras universidades, donde estudiantes de toda clase social lograban egresar y acceder así a un mejor nivel de vida.
Siempre he considerado lógico el que empleados y obreros tengan participación en la elección de las autoridades que los rigen, no así los estudiantes cuyo paso por la universidad no es sino transitorio (a excepción de algunos estudiantes de oficio) y cuya inmadurez los hace más manipulables. Bueno, en realidad siempre he estado de acuerdo con universidades no manejadas por profesores sino por personas contratadas para tal fin, como ocurre en muchos otros países, con lo que podrían evitarse muchas irregularidades administrativas. La nueva ley de universidades, “incluyente y democrática” permitirá la participación de empleados y obreros en la elección de autoridades universitarias que no tendrán poder de decisión alguno, pues todo el poder se concentra en un ministro de educación superior nombrado a dedo por el presidente y no escogido por “el soberano”. Este caramelo de cianuro puede que alegre provisionalmente a más de un trabajador universitario. Pero la alegría le durará hasta el próximo día de pago, cuando se percate que la devaluación y el incremento del IVA le quitan una buena tajada de su sueldo, no ajustado hace varios años, en aras de un supuesto plan de recuperación del país tras los desastres ocasionados por las lluvias y el despilfarro de los cuantiosos recursos que ingresaron al país, pero que no garantizaron el prometido blindaje contra la recesión.
Ahora si, la pobreza de Venezuela es de todos!!!
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