En nuestro pais, el debate acerca de las bondades y debilidades del capitalismo y del socialismo ha mantenido ocupadas a muchas personas. Pudiera pensarse que cada quien interpreta estos términos como le conviene. El capitalismo de Estados Unidos sin duda no es igual al capitalismo de Estado que los chinos llaman comunismo. En su versión capitalista de comunismo, los chinos consideran que el comunismo implica darle a cada quien lo que merece según el trabajo que desempeña. Así, al tener un trabajo con un sueldo que les permite adquirir una vivienda, las prendas de vestir que ven en las vitrinas y lo que se anuncia por televisión, defienden su forma de gobierno, convencidos como están que eso es comunismo, sin darse cuenta de que es capitalismo. Tómese en cuenta que China tiene los 30 mil millonarios mas grandes del mundo.
Si hay algo que debemos tener presente es que existen diversas modalidades de cada uno de estos enfoques. No es lo mismo el socialismo culto de Europa, que el socialismo ignorante que se pretende calificar como del siglo XXI. El primero se caracteriza por el gran respeto a la propiedad privada; la unión de esfuerzos de los sectores público y privado para promover y mantener el crecimiento del país y la presencia de Estado eficiente que se encarga de dotar a la población y al aparato productivo de servicios de calidad, gracias a las altas recaudaciones de impuestos. El segundo es precisamente el antónimo del primero, con un Estado incapaz de cumplir con sus funciones básicas, inhibidor del sector privado y cuyo interés es el de acumular poder.
El aludir a los Chicago Boys como ejemplo de la caída del capitalismo pone en evidencia el total desconocimiento sobre el tema. Equivale a creer que la medicina es un fraude porque la aspirina no cura el cáncer. La economía evoluciona (o involuciona como es nuestro caso) con los pueblos y sus gobernantes. Y al igual que el cuerpo humano, a veces le aquejan problemas que ameritan soluciones diversas. Y así como no encontramos criterios únicos entre los médicos, tampoco los encontramos en la economía (me cuido de decir que entre los economistas pues, si bien ello es cierto, los políticos que rigen los destinos del país por lo general no son economistas).
Chicago Boys es el nombre que se usó en los años 70s para referirse a un grupo de economistas chilenos egresados de la Universidad de Chicago, bajo la tutela del Milton Friedman, premio Nobel de Economía (1976). Siguiendo la tendencia monetarista de su tutor, implementaron con gran exito un programa de descentralización, privatización y reducción del gasto fiscal a fin de controlar la altísima inflación por la que atravesaba Chile y corregir las consecuencias de las erradas políticas económicas de Allende. Desde el punto de vista monetarista, la mejor herramienta para promover el crecimiento económico y reducir la inflación es el control de la oferta monetaria, lo cual corresponde a la autoridad monetaria (la Reserva Federal en EEUU y el Banco Central en Venezuela, cuando menos antes de Chávez). Los Argentinos, Brasileños y Peruanos conocen muy bien las consecuencias de tener una autoridad monetaria no independiente del ejecutivo, pues vivieron inflaciones de cuatro cifras hace apenas unas décadas.
Ahora bien, ese enfoque monetarista nació como respuesta a la incapacidad de la política intervencionista promovida por Keynes en los años 30s y que tanto había ayudado a la economía norteamericana a salir de la Gran Depresión. Sin dejar de ser capitalista, John Maynard Keynes decía que el Estado debía tener un papel activo en la economía, supervisando el mercado (a través de aranceles, impuestos, etc, con tipos de cambio flexibles) para lograr el crecimiento. Siendo que la Gran Depresión se asume que fue básicamente un problema de contracción de demanda, la expansión del gasto publico no pudo sino tener un efecto positivo en el país. Es por ello que en este enfoque keynesiano, la principal herramienta de política económica es el gasto público, controlado por el ejecutivo. Así, dos corrientes diferentes surgieron para dar respuesta a situaciones diferentes.
El capitalismo no tiene una sola cara ni una sola estrategia. Por el contrario, las estrategias se crean a medida que la economía evoluciona y se hace cada vez más compleja. Igual ocurre con el socialismo, el inteligente, en cuyo seno también se discute el alcance de la centralización. Los europeos parecen haber logrado un equilibrio óptimo entre centralismo y mercado. Por supuesto, para ello se requiere de un Estado competente, regido por competentes. Huelga decir que éste no es el caso de Venezuela, donde la incompetencia es la carta aval para poder formar parte de este gobierno. Así es el chavismo. La búsqueda de poder para los resentidos a cargo del mismo. La adoración de todo lo que huela a capitalismo, aunque no se puedan dar el lujo de decirlo públicamente. Tal vez ese sea el único lujo que no puedan darse. Pero ello es una nimiedad que los apartamentos en Miami, los aviones de lujo, las cuantiosas cuentas bancarias, la ropa de marca y los autos costosos ayudan a olvidar. Eso dista mucho de ser socialismo culto. Tal vez del otro…
Creo que es hora que nuestro país deje de perder el tiempo sobre este debate que por demás no nos conduce a nada. Ya el pueblo venezolano manifestó su rechazo a un gobierno socialista cuando votó en contra de la reforma constitucional en el 2007. Lamentablemente, ello no le ha impedido al gobierno llevarla a cabo de manera unilateral, pasando por encima de la opinión de la mayoría. En su lugar, el país debería abocarse a buscarle solución a los problemas que se nos plantean día a día. La violencia, que ya a tomado incluso las calles de la otrora tranquila Mérida; su principal causa, el desempleo, condimentando por el acceso indiscriminado a las armas; la escasez de bienes; el deterioro de los servicios. Porque, mientras los demás países buscan cómo expandir su producción, en el nuestro las autoridades buscan como expandir la producción… de terceros países.
Todos, del bando que seamos, padecemos estos mismos problemas. La diferencia está en que unos manifestamos nuestro descontento y preocupación más abiertamente que otros y podemos apuntar hacia los culpables. Tal vez el único lujo que los de la oposición podemos darnos y chavistas no.
Todos, del bando que seamos, padecemos estos mismos problemas. La diferencia está en que unos manifestamos nuestro descontento y preocupación más abiertamente que otros y podemos apuntar hacia los culpables. Tal vez el único lujo que los de la oposición podemos darnos y chavistas no.
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