He
leído varios correos en los que se felicita a quienes apoyaron al presidente
Chávez por la nueva victoria de éste. Los felicitaría yo también si supiera que
todos ellos están de acuerdo con lo que votaron y están complacidos con la
gestión de este gobierno. Sin embargo, conozco varios que votaron por Chávez
por temor a una guerra civil (porque eso fue lo que Chávez anuncio), o por
temor a perder su trabajo (porque eso también se lo hicieron saber).
Lamentablemente, a mi no me sale una felicitación para ellos. Sin embargo, si
muchos deseos:
1) Deseo fervientemente poder ver lo que
ellos ven, creer que de verdad estamos ahora mejor que antes y que vamos por
buen camino. Igualmente, deseo poder estar tranquila como los más de 2.5
millones que no fueron a votar, pues consideran que les da igual que sigamos
así o no. No crean que no lo he intentado. Sin embargo, cada vez que veo niños
y ancianos en la calle mendigando; las veces que voy a un centro asistencial público
y veo la penosa situación de quienes no tienen alternativa y deben aguantar
su dolor en una cama sin sabanas ni cobijas, pues en el hospital no hay
calmantes, no hay sutura, no hay sabanas, no hay nada; cada vez que leo en las
noticias la muerte de jóvenes que también forman parte de la raza humana que el
gobierno se propone salvar; cuando no hay alumbrado ni en las calles ni en las
casa, en un país rico que quiere ser potencia; cuando las carreteras están
intransitables y no se invierte en vías alternas, al menos no en este país;
cuando los muchachos de bachillerato han perdido tres semanas de clase sin
ninguna razón, al decir de los propios directivos y docentes; cuando voy al
mercado y lo poco que gano no me alcanza para comprar lo poco que se consigue;
cuando veo estas cosas no puedo evitar preguntarme, ¿Cómo hacen los chavistas
para mirar a otro lado y no ver esto? Probablemente muchos me dirán que antes
todo eso existía. Si, es cierto. Pero ahora abunda, igual como abundan los
recursos; igual como abunda el despilfarro y se hacen donaciones a otros
países, que seguramente las necesitan, pero primero estamos los venezolanos.
2) Deseo fervientemente creer que las políticas
que se están implementando tarde o temprano darán sus frutos (para el bienestar
del país, no para el bienestar político y económico de los gobernantes). Sin embargo,
cuando veo el nivel de las personas que están en el gobierno, no puedo sino
perder toda esperanza. Cuando veo que los profesores de la ULA llamados a
formar parte de este gobierno, en condición de prestación de servicio, son lo
que han pedido permisos para estudios dentro y fuera del país
sin terminar jamás ninguno; los que piratean las clases y luego hablan mal de
la ULA; los que jamás publican ni hacen investigación; los que no atienden a
sus tesistas y se los dejan al jurado; los que hacen trampa vendiendo la Prueba
de Admisión; los que jamás han ascendido o están en mora; los que escasamente
vienen a clases; cuando veo todo ello no puedo esperar que las oficinas que
ellos manejan funcionen bien. ¿Que hay de esos profesores en la oposición?
Muchos también. Pero también los hay buenos y dispuestos a hacer las cosas
bien. Me dirán que antes también ese tipo de profesores eran los llamados a
colaborar. Probablemente. Pero, entonces ¿qué estamos cambiando? ¿Unos
corruptos por otros?
3) Quisiera entender cómo alguien puede
llamarse socialista, pero vivir como capitalista. Y no me refiero sólo a los
miembros del gabinete ministerial y demás personeros del gobierno que tienen
casas lujosas, vehículos costosos y abultadas cuentas bancarias en el exterior,
todas pagadas con mi dinero y el de ustedes también. Me refiero incluso a los llamados
socialistas que comparten con nosotros la cotidianidad. Los trabajares de PDVSA
que se ufanan de sus extensas fincas; los médicos que dicen ser socialistas pero que no trabajan en el
hospital pues allí no hay recursos, ni dan clases en la ULA pues le pagan una
miseria; a los que apoyan al gobierno, pero mendigan un cupo en un colegio
privado, pues no les gusta la educación pública; a los que se alegran porque
les aumentaron la cuota del gimnasio, pues así no va tanta chusma, a los que se
oponen abrir una vía de acceso público
por el sector donde viven porque se les congestiona; a los que van a clínicas privadas,
pues los hospitales públicos no sirven...
4) Quisiera entender cómo hacer para que no
me duela cuando veo que nuestros jóvenes no consiguen empleo; cuando veo que
las empresas privadas se van y el gobierno favorece a los cubanos, chinos,
iraníes, etc. ¿Cómo se hace para vender
la patria y llamar a los demás “vende patria”? Para mi, la sola declaración de
“votar por Chávez es votar por Fidel”, habría sido suficiente para no hacerlo.
Saldrán algunos a decir que si prefiero ser esclavo del imperio, y todas esas
expresiones trasnochadas. No. Ni esclavo de uno, ni esclavo del otro.
5)
Por último, deseo fervientemente que ellos tengan razón y que luego no
tengan que arrepentirse, como ya muchos se han arrepentido de haber apoyado a
este gobierno inicialmente. Puede que para cuando ese arrepentimiento llegue,
sea muy tarde para Venezuela.
Para
mi, el mensaje que se le envía al gobierno con esta reelección es que lo que
está haciendo esta bien; que no debe cambiar nada; que puede seguir atropellando,
insultando, regalando nuestros recursos, destruyendo nuestra industria, sin
rendir cuentas de nada. Nadie es perfecto. Nadie sabe hacerlo todo bien. Y la
manera de corregir errores, es reconociéndolos. El mejor amigo es el que
critica, no el que dice amén a todo. Incluso si de verdad se quiere seguir la
senda del socialismo, busquen un verdadero socialista. ¿O es Chávez la única
carta que tienen?
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