viernes, 5 de noviembre de 2010

COLOMBIA QUEDA LEJOS DE VENEZUELA

No se asusten. Colombia sigue estando allí donde siempre. Chávez puede
haber cambiado los símbolos patrios, el nombre del país, la moneda, la
hora legal…, pero no ha logrado cambiar la ubicación geográfica de
Venezuela, aún cuando en algún momento pretendió modificar nuestros
límites al señalar que “Venezuela limita al sur con las FARC”. Ahora,
volvemos a limitar por el sur con Colombia, pues las FARC se mudaron para
este lado de la frontera.

Colombia está lejos de Venezuela desde el punto de vista de calidad de
vida. Después de varios años sin ir, en una reciente visita que hice a ese
país, recorriendo diversas ciudades, siempre por tierra, pude constatar
con profunda tristeza esta realidad:

1) Respeto a los bienes públicos y privados: A escasas tres semanas de las
elecciones presidenciales que dieron la victoria a Juan Manuel Santos,
no había una pared rayada o empapelada con propaganda a favor o en contra
de ningún candidato. La poca propaganda visible se limitaba a una que otra
valla publicitaria, cuya cuantía está normada. Ello contrasta con los carnavales
en que se transforma nuestra país ante cualquier proceso electoral, donde aún
subsisten los SI y NO en paredes de casas, terrenos, puentes, defensas de
las carreteras…, y que ya no sabemos si eran a favor o en contra de Chávez,
por no hablar de los gigantescos pendones que en su momento colgaron de edificios públicos.

2) No al culto a la personalidad: No tengo idea de cómo se llaman y lucen
las máximas autoridades de las distintas ciudades visitadas, puesto que,
no obstante las cuantiosas obras que se están llevando a cabo a lo largo
del país, no hay usa sola valla con sus fotos. En su lugar están las obras
hechas y en ejecución. Se entiende que las lleva a cabo la alcaldía, la
gobernación, el Estado ¿Para qué un cartel para anunciar lo que está a la
vista? ¿Por qué atribuirle la obra al gobernante de turno si quien la hace
es el despacho a su cargo? Los escasos y minúsculos carteles se limitan a
dar información sobre la obra en ejecución, incluyendo fecha de
vencimiento, después de la cual será multada la empresa contratista si no
está finiquitada. Nada parecido a nuestro país, donde la ausencia de obras
se suple con abundancia de carteles gigantescos, y donde además ahora
debemos decidir si prestarle atención al aviso de curva peligrosa o
mirarle la cara al gobernador del estado, en un muy sui generis estilo de
señales de tránsito, que no se corresponden con los estándares mundiales
aceptados.

3) Abastecimiento: hablemos sólo de los abastos. Todos ellos ofrecen una
amplísima variedad de productos, marcas, formas y presentaciones, para
atender las necesidades y posibilidades de los consumidores. Nada parecido
a nuestro país, donde el desabastecimiento está por el orden del 17% y la
ausencia supera el 60%.

4) Seguridad: los colombianos están orgullosos de haber recuperado sus
calles y carreteras, a lo largo de las cuales se puede circular incluso a
altas horas de la noche. ¿Podemos hacer eso en nuestro país o incluso en
nuestra otrora muy tranquila Mérida?

5) Esparcimiento al alcance de todos: hermosos y muy cuidados parques
adornan ciudades como Bucaramanga y Bogotá, donde de manera gratuita las
familias pueden pasar un día de campo en plena ciudad. Algo de eso tuvimos
nosotros hace tiempo, antes de que cayeran en el olvido.

6) Universidades pujantes: cuya eficiencia se mide a través de apósitos
indicadores, que definen su asignación presupuestaria y a las que, por
ley, el gobierno nacional incrementa sus aportes anuales en un porcentaje
no inferior al 30% del incremento del PIB. Mientras, las universidades
venezolanas deben buscar la manera de subsistir, pues el solo pensar en
buscar excelencia es un lujo que no nos podemos dar.

Sin duda Colombia tiene problemas. ¿Qué país no los tiene? Sin duda hay cosas
por hacer. Pero pareciera que va en la dirección correcta hacia una mejor
condición de vida para sus habitantes, dirección ésta siempre opuesta a
aquélla que estamos siguiendo nosotros de este lado de la frontera.

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