lunes, 16 de enero de 2012

El crimen SI paga

En 1992, el economista y profesor de la Universidad de Chicago, Gary Becker obtuvo el premio Nobel en su área por algo que a simple vista luce sencillo: extender el análisis económico, microeconómico en particular, a situaciones fuera del mercado: matrimonio, maternidad/paternidad, educación, inmigración… y criminalidad.


Un burdo y abusivo resumen de su planteamiento diría que, según Becker, el ser humano aplica un análisis costo-beneficio a todas las decisiones que toma en la vida a fin de maximizar su utilidad, idea aparentemente muy cercana a los lineamientos del actual gobierno con su supuesta búsqueda de la mayor felicidad posible, aun cuando, a mi criterio, la felicidad es un concepto mucho más complejo que la utilidad, pero ambos ciertamente inconmensurables.

Así, al decir de Becker, la gente busca pareja del mismo modo que busca un producto en el mercado, esto es, con información incompleta. Es necesario acotar que el tema de la información incompleta es de suma importancia en economía y ha formado parte del planteamiento de varios premios Nobel, incluyendo el de Stiglitz, Akerlof y Spence en el 2001. Las parejas, apunta Becker, siguen buscando información acerca de su media naranja hasta que el costo de obtener dicha información supera los beneficios que la misma reporta. Más información es posible sólo con más tiempo, que la contraparte seguramente no está dispuesta a esperar. Llega el matrimonio y, con él, el tiempo necesario para recabar dicha información, la cual puede conducir a la optimalidad de la unión o al divorcio. Este hogar tendrá menos hijos (que pueden considerarse como bienes duraderos, por hacer un símil) mientras más “costosos” sean éstos, costos medidos en términos de gastos, tiempo invertido y otras cosas que sólo el tiempo nos enseña.

Similar análisis se aplica a los estudios: estudiamos porque esperamos que el costo (de oportunidad) de hacerlo sea superado por lo ingresos que una carrera universitaria garantiza. Claro, no sabía Becker de listas, carnets de partido, ni palancas.

De nuevo, según Becker, de la misma manera, el delincuente elige racionalmente (otro término común en economía) entre la delincuencia y el trabajo honesto. Y al igual que la pareja, los padres y el estudiante, éste también responde a variaciones en los costos y beneficios de su decisión. Así, mientras menor sea la probabilidad de ser capturado y condenado a prisión, menores los “costos” de su decisión y mayores incentivos a continuar. Y ya sabemos cómo están las cosas en ese aspecto en el país: según el Observatorio Nacional de Prisiones, el 93% de los crímenes quedan impunes.

¿Y los beneficios? Según una reciente propuesta de la Ministra de Prisiones, supuestamente avalado por Chávez, los beneficios del crimen están por aumentar, convirtiendo la “carrera” criminal en un juego de ganar-ganar: si robas y no te atrapan (que, según dijimos, es lo más probable), te quedas con el botín; si te atrapan, ganas un salario mínimo.

Cabe resaltar que esta propuesta es cien por ciento revolucionaria. No sólo porque la promueve el gobierno revolucionario, sino porque rompe con varios paradigmas. Por ejemplo, la solución de Nash (el premio nobel en economía que fuera tema de la película “A Beautiful Mind”) para el dilema del prisionero, problema básico en teoría de juegos, muestra cómo dos prisioneros pudieran escoger delatarse mutuamente, aun cuando ambos estarían mejor (menor condena) si colaborase el uno con el otro (no delatar). Pues bien, con el posible beneficio de un sueldo, ambos pudieran estar mejor si se delatasen mutuamente. Pero más importante aún, definitivamente ya no será cierta aquella frase que hemos escuchado toda la vida pues de ahora en adelante, al menos en Venezuela, el crimen SI paga.

¿Qué pensarán las maestras normalistas y bachilleres docentes, cuyo sueldo es también el mínimo pero cuya contribución a la sociedad es, con creces, mucho mayor?

Adaptando una de las consignas más famosas del Manifiesto del Partido Comunista escrito por Marx y Engels, “!Trabajadores del mundo, uníos!”, en Venezuela bien pudiéramos decir “!!!Delincuentes del mundo, veníos!!!”.

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