jueves, 24 de julio de 2014

INCONSCIENCIA CIUDADANA

La celebración del natalicio del verdadero Libertador, Simón Bolívar, me agarró en Caracas. Para los que nos disponíamos a dormir hasta tarde, algo anhelado desde hace mucho tiempo, esta celebración comenzó más temprano de lo previsto.  Antes de las 6 de la mañana, el ruido sordo  de morteros, silbadores, cohetones, cohetes y similares  retumbando entre los edificios,  sacó a todo el mundo a los  balcones y ventanas a ver… nada. Los fuegos artificiales obviamente brillan de noche, no a plena luz del día. Un pequeño detalle que a los organizadores de este evento se les escapó. Ese y el hecho de que existe algo que se llama conciencia ciudadana.

La conciencia se refiere al conocimiento de sí mismo y de su entorno, de la moral, y la reacción ante estímulos del exterior.  Así, carece de conciencia  un gobierno que habla  de que somos potencia,  aun si no se consiguen velas para alumbrar las largas noches sin electricidad; un gobierno  que  ignora la negativa opinión que de él tienen incluso los que, saciados de tanto robar, deciden ahora criticarlo; un gobierno  que  la moral la perdió junto con las luces; un gobierno que sólo  reacciona cuando del exterior algún actor que atraviesa una mala racha, alguna modelo pasada de años o algún parásito presidencial alaba sus “logros” o, en su defecto, cuando alguien de ojitos rasgados le tiende la mano… para tomar la soberanía que acaba de pagar.

Y es que cuando Aristóteles definió al ser humano como un animal político, con conciencia, no pensó seguramente que surgiría en un pequeño país al norte de la América del Sur un presidente, político animal que, como todo animal, según Aristóteles no tendría conciencia.  Bueno no solo uno, dos “in a row”.

Este absurdo llamado “Gobierno de todos”, pretende además definir nuestra conciencia  ciudadana, es decir, la que nos lleva a pensar en lo que somos, queremos y necesitamos como sociedad.  Es  él quien ahora decide que marca de pasta comemos, con que jabón lavamos o  que desodorante utilizamos, y ya incluso se mete en nuestras camas para decidir incluso cuanto dormimos. Hemos perdido el respeto hacia los demás, hacia las necesidades e intereses de terceros, justo ahora, cuando el gobierno pretende que pensemos en las necesidades colectivas antes que en las individuales. No importa ya llegar de madrugada tocando corneta, no importa ensuciar las calles si ello logra dejar mal algún alcalde, no  importa obstruir el tráfico si va a pasar un entierro de algún motorizado, no importa faltar al trabajo pues total no te pueden botar ya que la ley ampara al sinvergüenza, no importa que los motorizados circulen por aceras y pasarelas, no importa robar en el trabajo, no importa destruir los bienes públicos, porque lo público a nadie duele. Vivimos en la era del “Chávez somos todos” y por ende todos mandan. Vivimos en la era de la inconsciencia ciudadana.

¿No se habría sentido más agradecido el Libertador si el día de hoy, al menos,  ningún niño en Caracas, mejor si en toda Venezuela, hubiese pasado hambre pues, en lugar de salvas, se habría distribuido comida? 


No se quien dijo que el hombre es un animal de costumbres. Algunos atribuyen la frase a Aristóteles.  Y se entiende que cuando lo dijo se refería a hombres y “hombras”.  Yo me niego. Yo, no me acostumbro a tener a estos animales como gobernantes. 

Por cierto, ya que hablamos de animales, las hermosas guacamayas que ahora pueblan los cielos de Caracas no salieron esta mañana. Otra cosa que nos fue negada el día de hoy. 

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