Entre las distintas cualidades que caracterizan el mandato del presidente
de turno “largo” en Venezuela, destaca su afán por cambiar el nombre a las
cosas o, cuando menos, su apariencia. Así, el presidente ha cambiado el
nombre del país, el signo monetario (y de paso lo tornó más débil que
nunca), los símbolos patrios, el nombre de ministerios, montañas
(incluyendo el de nuestro Pico Bolívar), parques, poblados, museos,
efemérides, hora legal y pare usted de contar. En esta época de reinicio
de cortes de luz no programados, es bueno recordar que la actual hora
legal es la que misma que estuvo vigente en Venezuela desde 1912 hasta
1965, la cual habría sido cambiada a partir de esa fecha como resultado de
un estudio de La Electricidad de Caracas, en el que se resaltaba el ahorro
energético de tal medida.
Esta práctica de cambiar nombres también le era muy común al emperador
romano Lucio Aurelio Cómodo. De hecho, a lo largo de su vida éste
cambiaría su propio nombre de Lucio a Marco, agregándole y quitándole
otros nombres como Antonino, Pío, Félix, Aelio… llegando a llamarse en
algún momento de su vida “Lucio Aelio Aurelio Cómodo Augusto Hercúleo
Romano Exsuperatorio (Supremo) Amazonio Invicto Felix Pío”. Así mismo,
pretendió cambiar el nombre de las tropas del ejército, cuerpos públicos y
de los meses del año.
El gobierno de Cómodo también se caracterizó por ser un gobierno en
solitario, pues quiénes lo apoyaron en un principio se fueron retirando
progresivamente, dada la inestabilidad emocional y política del emperador.
Así, su gobierno se basaba en sus propios caprichos, más que en las
necesidades del pueblo. A este punto vale aclarar que, cuando digo
“también”, no es que lo esté comparado con el de Esteban. Me refiero a
que además de andar cambiando nombres, consideraba al imperio romano como
algo de su propiedad. Esteban no actúa así, ¿o sí?
La paranoia de COMODO sumió al imperio romano en una de sus mayores
crisis. Rechazaba los consejos de sus asesores, se oponía a llevar una
vida austera, creía ser la reencarnación de HERCULES y era aficionado a
los espectáculos de GLADIADORES. De hecho, solía vestir como tal (en el
año 193 se anunció a sí mismo como gladiador) e incluso participar en
supuestas luchas en la arena, las cuales se piensa estaban arregladas (ya
sea utilizando mejores armas o drogando a sus combatientes), dado que
también se conoce de él su cobardía. Con sus gastos dispendiosos, arruinó
la economía del imperio. Implicaba en supuestas conspiraciones a aquéllos
que le generaban envidia y ordenaba su eliminación. Se dice que, de haber
habido una empresa tan próspera como la Polar en aquella época, seguro
habría acabado con ella y con sus dueños.
Lamentablemente, a la muerte de Cómodo a manos de las personas que le eran
más cercanas, el imperio se sumió en una cruenta guerra civil.
En ningún momento estoy sugiriendo al lector que en el párrafo de arriba
reemplace las palabras resaltadas en mayúscula por ESTEBAN, BOLÍVAR y
MILITARES. Mucho menos que donde diga “imperio romano” lea “Venezuela”. Si
así lo hace, no me hago responsable. En todo caso, hay que tener presente
que ambos son zurdos.
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