El presidente lo dijo bien claro cuando le explicó de manera tan
cantinflesca a la periodista de Radio Francia por qué la minoría esmayoría: “el 70%, es decir 110 diputados, no tiene nada que ver con la
votación nacional”. Y esta es cita textual. Una respuesta parcial había
sido asomada poco antes, sin concluir “quién pudiera pensar que la
cantidad de diputados en unas elecciones circuitales…”. En los casi 10
minutos que demoró la respuesta de Chávez, estas dos ideas, aun
incompletas, lo dicen todo: en la tan cacareada democracia participativa y
protagónica, el protagonista no siempre es el actor principal. Y ello
gracias a la magia de los circuitos electorales.
En todos los procesos electores de la era democrática de nuestro país, el
porcentaje de escaños de cada distrito era determinado por el peso
poblacional de mismo dentro del total: así, distritos más poblados tenían
más representantes. A principios de este año, el CNE aprobó la
modificación de las circunscripciones electorales de 8 estados del país,
cinco de los cuales habían dado como favorita a la oposición en las
recientes elecciones de gobernadores y alcaldes (Amazonas, Barinas, Lara,
Distrito Capital, Carabobo, Miranda, Zulia y Táchira). Los otros 16
estados, gobernados por el oficialismo, permanecieron inalterados. Según
la propia Tibisay Lucena, las modificaciones se hicieron en el 33,33% de
las regiones, lo cual probablemente explica en parte los números de las
pasadas elecciones.
Esta artimaña, conocida como Gerrymandering, si bien es nueva en nuestro
país, no lo es el mundo. Así lo ha reconocido el propio sector
oficialista quien, en un intento por justificarla, ha hecho referencia
incluso al caso de los Estados Unidos donde, aplicando esta misma
estrategia en Florida, Bush obtuvo una dudosa y muy criticada victoria,
criticada incluso por el propio Chávez.
Wikipedia define gerrymandering como una “manipulación de las
circunscripciones electorales de un territorio, uniéndolas, dividiéndolas
u asociándolas, con el objeto de producir un efecto determinado sobre los
resultados electorales.” Es decir, “una técnica destinada a quebrar la
imparcialidad de un sistema electoral”. Su nombre proviene en parte de
Elbridge Gerry, gobernador de Massachusetts quien, en 1812, unificó todos
los distritos de su estado en uno solo para asegurar la victoria de su
partido. Siendo que el gerrymandering es un proceso dinámico, me imagino
que esa auto-crítica a la que se refiere Chávez va más en la dirección de
“?cómo podemos dividir mejor los circuitos electorales para que esto no
vuelva a ocurrir?”, y nada tiene que ver con “?qué estamos haciendo mal
para que la mayoría ya no nos apoye?”.
Así, el afán de nuestro presidente de retrocedernos en la historia, nos
ha llevado a sistemas electorales arcaicos e injustos, ajenos a nosotros
pero enraizados en países a los cuales critica o cita como ejemplo a
conveniencia. De nuevo, marchamos en dirección opuesta al resto del mundo.
Mientras Chile reconoce lo injusto de su sistema electoral y otros
intentan compensar estos desequilibrios con una segunda vuelta, nosotros
la adoptamos. El 2 de noviembre del 2010, los norteamericanos elegirán
nuevos miembros del Congreso. Pero también votarán las enmiendas 5 y 6, o
“Fair Districts Amendments” para abolir, de una vez por todas, esta
práctica injusta de dibujar las líneas de los distritos a conveniencia.
¿Cuándo se le consultó al pueblo venezolano si estaba de acuerdo con esta
nueva “división política” del país?
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