En el día de ayer fuimos testigos del inicio del milagroso rescate de los
mineros atrapados a casi 700 metros de profundidad, una hazaña de la que
sin duda debe estar orgulloso el pueblo chileno. Dos largos meses bajo
tierra que afortunadamente no terminaron siendo cuatro, como inicialmente
se había estimado.
Viendo tanta preparación, organización y eficiencia, no puede uno resistir
la tentación de preguntarse cómo habrían evolucionado los acontecimientos
de haber ocurrido esta tragedia en territorio venezolano.
El primer paso sería lograr que se dé inicio a las operaciones de búsqueda
de sobrevivientes, mientras la asamblea nacional discute si se trata o no
de una campaña mediática o si es un acto desestabilizador de la oposición.
Una vez aceptado el hecho y descubierto que están todos vivos, comienza el
verdadero calvario.
En cuanto los ingenieros cubanos, expertos en adentrarse en el mar, mas no
en la tierra, deciden cómo llevar a cabo el rescate, el presidente Chávez
monta una cadena de 8 horas para dar los detalles técnicos del mismo.
Luego comienzan los trámites de dólares ante CADIVI a fin de importar los
equipos chinos o rusos necesarios para dicho rescate. Se le anuncia a los
mineros que serán rescatados en cuestión de días y que mientras tanto
serán abastecidos con alimentos de PDVAL, por lo que nada les ha de
faltar. A raíz de la cadena, expertos internacionales aconsejan al
presidente que los equipos adquiridos son obsoletos y la estrategia
diseñada es poco adecuada, por lo que son acusados de interferir en
asuntos internos y se procede a romper relaciones con sus respectivos
países. Igualmente, cuando los expertos de la NASA ofrecen su apoyo
técnico, son acusados de espías y la ayuda es rechazada, tal como
sucediera a raíz de la tragedia de Vargas.
Finalmente llega la maquinaria a Puerto Cabello, maquinaria usada a
precios de nueva, con sobre precio y comisión incluida. Se da iniciado el
traslado de las mismas por las carreteras nacionales, pero en cuanto sede
el primer puente ante el peso de las gandolas que las transporta, se
concluye que debe construirse lo necesario in situ, para lo cual se
convocan las cooperativas y núcleos endógenos de la zona. Algún aventurado
empresario privado ofrece su ayuda, la cual es descartada de entrada y se
le expropia, declarándose su empresa de interés social. Las universidades
autónomas también se ofrecen para colaborar en el rescate, pero se les
acusa de querer robar protagonismo y de seguir ordenes del imperio, por lo
que también son descartadas.
Mientras las cooperativas trabajan arduamente en la construcción de la
capsula a utilizar para el rescate, haciendo malabares para conseguir los
insumos necesarios, se da inicio a las labores de perforación del túnel,
con taladros expropiados. Se le notifica a los mineros que las obras van a
demorar ya no días sino semanas, dadas las interrupciones en el suministro
eléctrico, uno que otro paro de trabajadores porque aún no han recibido el
pago ofrecido y al empecinamiento del presidente en manejar él mismo la
perforadora, alegando la experiencia adquirida en el manejo de la topa en
las obras del metro.
Una vez listo el túnel, se concluye que lo conveniente es encamisarlo,
pero siendo que SIDOR ya no produce láminas de metal, se opta por obviar
este detalle. Alguien sugiere recubrir el túnel con cemento, pero de eso
hay menos. Mientras, ya han pasado no semanas, sino meses.
Llega el día del rescate, finalmente!!!. Meses y meses de espera. Se
procede al sorteo de quiénes van a salir primero, para lo cual se consulta
la lista de Tascón. Gracias a Dios todo sale bien. Los mineros logran
sobrevivir la comida de PDVAL, los largos meses de espera, las condiciones
precarias de su encierro; todos salen, algunos de ellos firmando su
adhesión al PSUV y otros mostrando el carnet de asociación al mismo. Lo
hacen entre gallos y medianoche, igual que ahora en Chile, sólo que no por
razones tácticas, sino por maña del gobierno y por consejo de algún
babalao. Les espera aún sobrevivir su estadía en algún CDI. Vivir bajo
tierra no les fue tan difícil. La verdadera prueba de fuego será
sobrevivir en la superficie, con sus menguados sueldos y la alta
criminalidad.
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